jueves, 25 de noviembre de 2010

entrar y salir



entrar y sostener
papeles libros poemas pedazos de calle, canciones, a veces alegrías/
caminar y atravesar
olores humores saludos apenas de lejos miradas sin voz/
llegar y escuchar
los ruidos susurros gritos de muchos que vienen de lejos de cerca tan siempre/
mirar y contar
los pasos las caras los ausentes los motivos los minutos las causas los años la espera/
juntar las ganas como un abismo la sorpresa/
saber y enseñar
aprender y salir
decir y creer

como una rutina imposible
de lunes a viernes
entro y salgo
del fuego al fuego
y no me quejo:
es trabajo es vida

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Literatura y matemática III

Cuentas que dan vida


Un problema: que me gusta
la mitad, no
TODO
el doble y más también.
14, no:
muchos más.
Sumás todo.

Esto es amor a mis hijos.
Total: familia.

Ramo

Literatura y matemática

2 vidas no me alcanzan
ni 5 viajes ida y vuelta de tu cuerpo al infinito
a 20 millones de años luz tanta distancia
me deja a ½ morir.

Entonces multiplico los recuerdos,
el presente que alumbra a cuentagotas,
los sueños que nos quedan por cumplir
tan lejanos siempre
hasta que llegue el tiempo
y los atrape en la palma de mi mano. 
                                                                                           laprof

Literatura y matemática I

Cuentas que dan felicidad

Mis 2 hijas tienen 5 muñecas.
X una se pelean.
20 son los besos que les daría cada ½ hora.
Multiplico mi alegría
cada vez que estoy con ellas.
Las amo siempre más. 

el vecino

domingo, 31 de octubre de 2010

Infierno grande o un elogio de la polémica

¿Por qué trabajar el 24 de marzo en la escuela? ¿Qué particularidades se presentan si la institución educativa funciona en una cárcel? ¿Qué implicancias tiene para alumnos y docentes abordar la dictadura? ¿Cuánto del pasado y cuánto del presente está puesto en juego en estos aprendizajes y en estos contextos?


AQUÍ artículo completo presentado en III Seminario Internacional Políticas de la Memoria “Recordando a Walter Benjamin: Justicia, Historia y Verdad. Escrituras de la Memoria”. CCMHCONTI, octubre noviembre de 2010.

viernes, 22 de octubre de 2010

La lista de regalos que un alumno sí puede hacer a una profesora

Como si fuera una docente ajena que se enfrenta a una prueba escrita, ya había recibido demasiadas "frases confusas" de algunos y "comentarios inadecuados" de otros, cuando vino Claudio esa mañana y me ofreció una Rhodesia.
-Es para vos -me dijo-. ¿Te gusta?
-No, gracias -contesté-. No me gustan las obleas.
No sé qué explicación dio él respecto del regalo ni yo del desafecto. Pero lo cierto es que al otro día lo trasladaron a un pabellón lejano y anduvo como diez días sin venir a la escuela. En ese tiempo me pregunté cuáles eran los regalos que quería de ellos, y así es como armé esta lista.



Ni obleas
ni frases hechas
ni corazones.
Galletas saladas, aladas, de agua que pasa, que clama, que calma.
Palabras de hada, que empujen y abran: vacíos, tormentas, cerrojos.
Palabras ñeri que transiten escalones, y suban y bajen,
que acompañen, que apuesten:
al aire, y lo ganen
al todo y lo pierdan,
al miedo y empaten.
Palabras que abracen sentidos, lenguajes de afuera o adentro
que estallen vidrios fraguados, distancias virtuales.
Dos historias, una suerte, ningún éxito.
Un vacío pero no de espanto ni riqueza ni aburrimiento;
sí el silencio que llega después de la sorpresa,
la sorpresa que viene de la alegría,
la alegría que explota
tan inesperada
en mitad del aula.

... ¿te imaginás?: ¡Un millón y medio de margaritas lloviéndonos en la cabeza!
¿como cuánto es eso, eh?

Claro que recibo regalos.
Ob-vio.
Así que: vamos con esa.

viernes, 8 de octubre de 2010

Llaves

Al tercer día del taller,
Ruiz Díaz de Vivar resucitó dentre los muertos.

Está sentado a mi izquierda y
aunque quiere
desconoce las reglas del juego.

Rengo o desmayado como Lázaro
larga palabras a andar.

Y vive
niño y adulto
como si nunca se hubiera ido de Tormes.


Mire que yo no sé jugar.
Nunca jugué a nada. Ni a las damas, ni al ludo, ni a nada. Dibujar tampoco. Cuando era chico, no aprendí... y después ya no tuve tiempo.
De chico yo laburaba con mi papá, en el taller. Pero no porque tuviera necesidad, no... Es que mi viejo tenía una discapacidad: era sordomudo... no de nacimiento, él tuvo meningitis. Era sordomudo y yo era, como quien dice, su mano derecha, su forma de comunicarse con el mundo. Donde iba mi viejo, iba yo... por eso es que siempre estuve entre grandes. No era un trabajo para mí, simplemente lo hacía, era así. Él trabajaba en el taller, todo el día, y yo lo acompañaba, hablaba por él. Y en el taller yo miraba y aprendía... así aprendí por ejemplo a abrir autos sin llaves como una picardía se podría decir, pero no como algo malo porque mi viejo no se dedicaba a esto. Yo arranqué después, cuando mi viejo murió, empecé así sin nada casi como un juego o una travesura.
Mis hermanos no estaban en el taller, yo soy el más grande de los 4 y ellos no tuvieron esa función digamos.
Igual mientras iba al taller también iba a la escuela. Fui a la primaria, pero no terminé. Llegué a 7mo grado y a mitad de año, dejé, no fui más. Mi vieja no me mandó, tal vez porque ella es una persona muy sometida: mi hijita de 3 años va y la domina.
¿Juegos? No hacía lo que hacían mis amigos, ni al fútbol jugaba, y después, cuando era más grande, los miraba y me parecía que eran cosas de chicos, ya ni me llamaban la atención.

Así que la primaria la terminé en el Instituto recién. Quedé con poco porque nunca robé con armas. Como le dije una vez, empecé de chico, como un juego o a aventura. 

voz que dice: el Vecino

jueves, 7 de octubre de 2010

Sorpresas

La noticia de la requisa en la escuela me dejó -debo admitirlo- por un momento turulata... me da vueltas en la cabeza y todavía no sé muy bien cómo interpretar ese hecho... ¿por qué en la escuela?
Pero la realidad de nuestro trabajo siempre trae, escondida, otra clase de sorpresas... por suerte. 
Castelli, un alumno nuevo que ayer no vino a la escuela porque había ido a Tribunales contó que, estando en la leonera, se encontró con Goliat (el pibe que había sido trasladado a fines del año pasado o principios de este)... 

¿Y de qué hablaron en ese lugar de espera interminable?: de la escuela... el gigante le preguntaba de los profes y Castelli le contaba del festejo del día del estudiante... uno y otro decían de las fotos, de la compu, del profe de Matemática, de la de Lengua, que estaba bueno ir a la escuela, que era divertido... El gigante dijo y repitió que nos mandara saludos...
¿Qué me contursi?

martes, 28 de septiembre de 2010

vocabulario

alcahuete: persona que avisa lo que otra persona hace.
botón: policía / objeto que se usa para prender una prenda.
brillo: al oro o al azúcar.
careta: a una persona que no se droga / una persona que da la cara.
carpa: léxico tumbero para recibir a la familia en visita / para acampar.
descansar: sobrar a una persona / dormir.
escracho: tatuaje.
faca: cuchillo que se usa para pelear o comer.
gato: persona que hace los quehaceres de otra. / Animal cuadrúpedo.
joder: perjudicar a una persona. / Hacer juegos entre amigos.
limado: persona que no está en sus cabales.
mamerto: persona que se encuentra en estado de ebriedad.
noni: es una persona que no es inteligente / Es un bebé que duerme.
ñoqui: persona que no trabaja y cobra un sueldo. / Pasta.
oreja: persona que quiere quedar bien todo el tiempo. / Parte de la cabeza.
ortiva: es un policía o una persona que avisa lo que hace el otro.
paloma: objeto que se usa para pasar un objeto de celda a celda. / Ave.
pestañear: viene de pestaña, habla de una persona que es lenta.
querer: apreciar o alguien o recibir algo.
rolo: corazón. "Lo que dijo me tocó el rolo".
ruchi: es jugar en 2 bandos. "No te confiés que es un ruchi".
satélite: es un objeto que está en el espacio o una persona que dice lo que pasa en otro lado. "Ojo con querer copiarte que la profe anda satelitiando".
tumba: es un trozo de carne o donde entierran una persona o cárcel.

viernes, 24 de septiembre de 2010

el embrujo de la chacarera

La chacarera de Peteco y las reescrituras de los alumnos. 

Además de bailar chacareras, las trabajamos en clase: las escuchamos, analizamos y también las reescribimos. 




jueves, 23 de septiembre de 2010

felicidad clandestina


Si alguien te dice
'Todo el tiempo que quieras'
te está dando libertad:
la libertad de elegir
cuándo
dónde
para qué


voz de: Alma de día

Acerca del cuento "Felicidad clandestina", de Clarice Lispector

miércoles, 22 de septiembre de 2010

¿cuál es el riesgo?

Realmente, leer tu trabajo me sirvió para pensar dos cosas:
En primer lugar, hizo que en mi mente tomara cuerpo esta idea de pensar el pasado desde el presente. Es una frase muy bonita, muy despampanante, pero muy dificil de llevar adelante con cierto grado de realidad. Digo, sin ser dogmáticos o cerrados, sin monologar.

Y la otra cosa que me hizo pensar es en el riesgo, en la valentía de elegir ser docente a tu manera. Es una hermosa manera, que interpela y que incomoda, que nos obliga a crecer, a pensar... El riesgo es justamente que alguien se ofenda (el fuego, bah) y creo vale la pena correrlo. Qué aburrido sería si no, qué vida al pedo.

A lo Mario Benedetti: gracias por el fuego.

M.R.

martes, 21 de septiembre de 2010

miércoles, 15 de septiembre de 2010

paro del miércoles y jueves

EL MIÉRCOLES


"La unión hace la fuerza"
"En mi barrio, al que va a trabajar un día de paro lo llaman carnero"
"Yo nunca levanté la mano en una asamblea o algo así"
"Yo estuve en los saqueos del 2001, los ojos rojos de tantos gases"
"¿Ustedes vinieron con los guardapolvos puestos desde la calle, o se los pusieron al entrar?"
"Está bien lo que hacen estos pibes, porque ellos también piensan en las generaciones venideras"

voces varias del módulo 2

sábado, 11 de septiembre de 2010

Con lo que muevas


Con lo que muevas





Cuidado con lo que muevas,


porque todo podría moverse.


Cuidado donde apoyes tus manos,


porque, en todo, podrías dejar tus huellas.


Y no es


que las huellas sean imborrables,


pero son huellas.


Cuidado, en todo caso,


en dónde quieras dejar


tus marcas.


Nada es inocente en el sentido


de que no tenga consecuencias,


y no quisiera que las tuyas


fueran tan inadvertidas, es decir,


que hicieras como si no supieras si te pido que mires dónde te posas


y que no pretendas que no sabías, o no veías.


Cuidado con lo que muevas,


porque en todo podrías dejar tus huellas.


Cuidado donde apoyes tus manos,


porque todo podría moverse,


igual como sigue la vela al viento.


Y no quisiera que digas


que no querías quien te siga


ni te sigan


habiendo fingido que no sabías




cómo todo, hasta el aire virgen de los hielos,


espera un movimiento


ni hay luz sin sombra


ni voz sin consecuencia


igual que sigue la vela al viento


y la vida donde soples


aliento.


Por lo demás,


adelante, por favor.






Luis Pescetti

lunes, 6 de septiembre de 2010

Mudar

Hoy es un día soleado. Va llegando la primavera.
A dos días del mediodía del sábado, del golpe en la reja, la espera y el éxito a 70 pasos de la puerta.

Yoshiro Tachibana

¿Así te recibió la calle, díscolo tigre:
puro aire limpio, domingo con siesta, ojitos al sol?
caminás ¿por dónde?
Recuperando qué: ¿miedos? ¿maneras? ¿sensaciones?
y de qué modo: ¿atolondradamente? ¿de a sorbos sorpresa? ¿cercana alegría? ¿tibia tristeza?
¿Ya viste a tu gente, amigos, amores? ¿recorriste todos los lugares? ¿te abrazaron tiernamente? ¿te esperaban?
¿pedís? ¿corrés? ¿ahijás?
sentís más ¿el perfume? ¿el silencio? ¿la sonrisa?

ganas ¿de qué?

jueves, 2 de septiembre de 2010

Beneficio personal. Imágenes de hoy

Le dije a la coordinadora si podía, con cautela y siempre que la ocasión no resultara desubicada, entregarle una carta al ministro sobre el estado deplorable de la escuela de mi hijo.
Me dijo que a ella no le parecía que se usara el espacio del Cens para beneficiar a otra escuela particular, que ella no lo haría con la escuela de sus hijos.

Eso dijo: beneficio personal.

No hubo clases en el Módulo I.
Sí en el Módulo II.
Sólo yo tenía que ir al Módulo II. Así que fui y di clases hasta las 11.
Con Martín y Fernando, que iban en representación del II, fui hasta el I, donde se hacía el acto.

En el II no hay ventanas. La escalera, el hueco, es todo con rejas y, como en un aula tampoco hay puertas, hay un chiflete que ni te digo.

El esposo de la coordinadora habló durante el acto de quienes no conocen de horarios de trabajo. De quienes trabajan las 24 horas del día. (y de la noche, pensé).
El esposo de la coordinadora mencionó, claro, a su esposa coordinadora.

Sergio me dijo:
-¿No me da ese boleto?
Tenía puesta la mochila, y del bolsillito sobresalía el papel.
-Claro-, le dije y se lo di.
-Con este me voy en libertad-, me dijo.

La coordinadora puso, en la ventana de la biblioteca, el nombre de todos: los profes y los alumnos, los actuales y los que no están, porque salieron en libertad o porque fueron trasladados.

Lejos de formalismos y menciones lacrimógenas, Sergio y Pachu me cargan, me dicen que ahora no me saludan, porque trabajo en el módulo II y me olvidé de ellos.

Seguía el acto y yo charlaba, reja de por medio, no sé bien con qué alumno. Siento que me llaman de atrás, me golpean la espalda. Era el ministro, que se iba y quiso saludarme con un beso. Ocasión ideal para invitarlo. Elijo tratarlo de vos: 
-Fijate si te das una vuelta por el Módulo II, que empezamos a trabajar la semana pasada.
-El próximo lo hacemos ahí-, mintió.

Beneficio personal. Las golosinas del cumpleaños de mis hijos. Beneficio personal. El mate para poder subirlo a las aulas y compartirlo con los alumnos. Beneficio personal. Las galletitas. Beneficio personal. Los poemas. Beneficio personal. Acomodar en los estantes de la biblioteca primero lo de las otras materias. Beneficio personal. Ir a las clases de computación para hacer la revista, para el blog.
Todo eso, claro, sólo para un beneficio personal.

-Usted tiene que estar ahí-, me decía Fer. -¿Por qué está acá atrás, si tiene que estar adelante de todos?
Yo estaba atrás de la reja, atrás del mundo, atrás de los penitenciarios, atrás del llanto de la coordinadora (que trabaja las 24 horas del día y las 24 de la noche), atrás de todo.
No le contesté.
Pero cuando lo vi a Sergio que seguía sosteniendo el boleto como si de verdad fuera su pase a la libertad, lo miré fijo y le confesé: 
-Yo no necesito ver. ¿Sabés por qué? Porque estas imágenes me las llevo en el corazón.
Él seguía cargándome con lo del módulo II y todo eso. Pero yo le decía:
-Escuchá bien porque cuando hablo en serio, hablo en serio. No necesito ver porque me las llevo en el corazón . Y esas son imágenes que no se olvidan.

De la clase de la primera hora, qué bien me cae Castelli. 
-Este infierno es encantador- cantaba hoy.
Una cosa es segura: no somos indiferentes. 

Pregunté a un alumnos sobre Adrián. Me dijo que no era más su rancho. Y que estaba vago, que por eso estaba faltando a la escuela.
¿Vago? 15 años le dieron. 
Voy a pasar por la reja o por el pabellón para hablar con él. Me lo prometo. Beneficio personal, como quien dice.

lunes, 23 de agosto de 2010

(como) Empezar de nuevo

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Empiezo de nuevo:
hoy, lunes, empecé en el módulo nuevo.
Ni bestias salvajes ni salvajes unitarios.
Salvajemente solitarios, uno por uno, fui nombrándolos, pura individualidad, tan frente a mí, mesa blanquísima para reflejar cualquier franqueza, tan dulcemente cada nombre caía, desnudo, sobre las palabras: Castelli, el del pabellón tan políticamente incorrecto, con una sonrisa que no puede disimular su increíble alegría por estar, haciendo siempre, algo distinto, mirando nomás, hablando casi en otro idioma; Gastón, tez morena y ojos claros, deteniendo el tiempo cuando pinta la carátula de Lengua con el único marcador que había llevado... ¿quién más?: Abelardo, el más grande, puro hablar correcto, la voz de la experiencia, la sabiduría que dan los años; Hernán, al que todo raye se le hace carne en su relato infantil; Nico, el (único) que no perdió el nombre ni la sonrisa ni las ganas...
¿Qué me gustó?: que se me fuera tan ciertamente el miedo, que entrara tan rápidamente en confianza, que tan alegremente respondieran a mis chistes.... ¿qué más?: que quisieran colgar unos mapas “o algo así, para darle al espacio más onda de escuela”.
Leímos “El hijo de la maestra” y otra vez les encantó. Tengo que llevarlo a Incardona. Tengo que llevarlo. Tengo que llevarlo.

domingo, 22 de agosto de 2010

Causas


No vaya a ser que un día me acostumbre
o que me canse
o que me duela tanto
que no vuelva


para no ver
no estar
no sentir.




Por eso escribo.

viernes, 20 de agosto de 2010

Usos del Condicional

El condicional puede expresar :

posibilidad o probabilidad vista desde un pasado. Ejemplo:
  • Tenía 13 años cuando caí por primera vez. Los jueces me mandaron a un Instituto no por la peligrosidad del delito sino del entorno. Pensarían que eso era lo mejor para mí.
... pero puede estar referida también a un momento futuro. La perspectiva entonces no sería pasada, sino presente:
  • Yo no te robaría.
puede expresar polémica en un tiempo lejos del presente:
  • Me arrepentiría automáticamente.
y expresa (forma atenuada) ruegos y deseos de forma cortés:
  • Y te invitaría a tomar un café.
voz del tigre díscolo

    jueves, 19 de agosto de 2010

    grietas

    con un palo hay que darle a esta mujer
    perra que no entiende
    ¿nunca más un chiste?

    con un palo
    fuerte hasta que grite
    darle como si le gustara
    como si fuera negra
    o municipal
    o extranjera
    o docente de escuela pública
    ¿qué es peor?
    de lengua tenía que ser

    con un palo
    hasta que entienda
    y se calle
    de una puta vez

    viernes, 13 de agosto de 2010

    Viernes 
    no es noche de brujas ni mañana de mierda.
    Es el día en que me entero que Juan salió en libertad.
    -Y justo ayer habló conmigo- le dije a los que estaban en la sala de maestros.
    -Mirá vos.
    -Me dijo que no sabía qué había pasado, que tal vez se había equivocado, pero que él no tenía nada en contra mía, y mientras me decía eso me mostró las fotos de su hijo.
    -Ah!, pero entonces no solamente te habló... además te dijo todo eso.
    -Ajá. Y ahora me entero de que salió en libertad. Qué suerte. Qué suerte para él. Pero qué suerte para mí también. Porque tengo la suerte de haber cerrado algo que no había quedado bien, tengo la suerte de que me haya hablado antes de irse, de quizás no verlo más. Qué alegría. Es doble.
    Al rato la profesora Bergamota decía que estaba indignada con la noticia...
    -Y cómo querés que esté ¡si estaba por asesinato! ¡Y dicen que no hubo pruebas!
    Y el profesor Salchichón le seguía la onda:
    -Parece que se cargó como a diez.
    -Pero ¿no creen que si hubiera matado a tantos seguiría en cana? Porque... convengamos que los únicos que matan a muchos pero a muchos MUCHOS y no van en cana son los que tienen mucha MUCHA guita.
    -En este país, no me extrañaría-, cerró impertérrita.
    Pero no. Me equivocaba: al instante volvió a la carga:
    -Ese sale y en la esquina ya mata a uno.
    ¿Qué podía decirle
    sin putearla
    sin mandarla a la mierda
    sin explicarle que eso era un prejuicio
    sencillamente porque era un juicio de valor anticipado
    ya que ella no sabía siquiera si Juan había pisado en ese mismo instante la esquina?
    - Si fuera él, yo me alejaría un poco ¿no te parece?

    martes, 10 de agosto de 2010

    En el medio

    I.
    Reacomodando muebles en las sala que profesores de afuera compartimos con los docentes de adentro; tratando, una vez más, de ganar espacio adentro de la cárcel. Había también unos alumnos. Y en la puerta (que está ubicada al finalizar una escalera de unos 7 pisos, porque el salón es un sótano), como en un púlpito, el subalcaide o no sé qué figura, desde allí arriba dictamina:
    - De aquel lado, los municipales; de este, el Servicio.
    Entre risas, algunos de los presentes se reubican: se mueven, giran, dan pasos los profes, los alumnos. Alguien dice algo sobre “estar en el medio”. Un alumno me interroga. Me sorprendo:
    - ¿De verdad hace falta que lo aclare?

    II.
    Disconforme con las peleas o los debates o los conflictos o las discusiones, clava la mirada y se queja:
    - Yo me siento que estoy en el medio entre otra persona y vos, me hacés sentir en el medio, y eso no me gusta.
    No sé cuántos días estuve pensando eso de “estar en el medio”... ni adelante ni atrás, ni de un lado ni del otro, hay quien elige estar en ese lugar. Coherente con la pretensión de “dar las dos campanas” y mostrarse respetuoso del discurso de los derechos humanos. Concordante con su declamación en contra del servicio y sus inexplicables acuerdo con los discursos más fachos.

    III.
    ¿Y yo? No estoy en el medio.
    Entre la cárcel y la plaza,
    estoy claramente en contra de las rejas.
    Entre los penitenciarios y los presos,
    me encuentro entre los alumnos.
    Entre los profesores y los alumnos,
    siempre del lado de los que tienen ganas de cambiar.
    Entre los chorros y los que están por drogas,
     decididamente en la tierra de los pobres.
    Entre llamar a los alumnos por el nombre o por el apellido,
    hablo desde las cercanías.
    Entre la naturalización y el desgarro,
    del lado de la furia.

    Pero en rarísimas ocasiones, dudo
    y mirá:
    quedo del lado de la espera.

    lunes, 9 de agosto de 2010

    Internos


    Después de leer la siguiente nota (cliquear en el recuadro de abajo para acceder):

    En el Servicio Penitenciario Federal, dos de cada tres reclusos estudian

    me surgieron algunas dudas:


    ¿Lo único que tiene el sr. Ricagno para decir de nuestra tarea es eso? ¿Por qué habla solo de lAs docentes
    ¿Los docentes varones no se involucran? ¿o es que corren menos riesgos?
    ¿Qué valoración hace este sujeto sobre las mujeres en general? ¿Somos entes que no discernimos, vamos instintivamente de un brazo a otro por termofusión? Si el último párrafo me parece insultante para las casadas, no quiero sospechar lo que piensa de las solteras...
     
    Si para ellos son "alumnos" (como dicen), ¿por qué los llaman "internos"?

    Decir que los alumnos están "las 24 horas pensando en el punto flaco de la persona que viene de afuera” ¿no es un poco prejuicioso? Si un alumno piensa en la escuela o (siendo condescendientes con Ricagno) en sus docentes, ¿es porque indefectiblemente está elucubrando cómo arruinarnos la vida?

    ¿No porque nos extraña? ¿no porque se extraña de conocer gente así? ¿no porque, en ese lugar de violencia y deshumanización, los extraños somos nosotros?

     
    ¿Acaso el pensamiento de un alumno no puede estar asociado a la sorpresa o a la duda o a la alegría o (admitámoslo también) al deseo?


    No: en la mente del sr. Ricagno el interno solo usa el pensamiento para encontrar nuestros puntos débiles y pergeñar futuros delitos. Así que no nos engañemos: no son alumnos ni jóvenes ni adultos ni sujetos ni personas ni humanos ni vivos ni muertos, son internos: su existencia sólo vale por su condición de encierro.

    martes, 3 de agosto de 2010

    ESTRATEGIAS DE SUPERVIVIENCIA

    de los profes:
    • no querer pensar
    • pensar todo el tiempo
    • caerles simpáticos a los penitenciarios
    • caerles antipáticos a los penitenciarios
    • creer
    • no creer
    • no querer creer
    • oír
    • no oír
    • no querer oír
    • no oír lo que uno cree
    • no creer lo que una oye
    • no querer querer ni ver ni confiar ni entender ni sospechar siquiera
    • solo se permiten: la sospecha, la distancia, la desconfianza, la seriedad y algo parecido al amor maternal pero casi como un tropiezo
    • “vos no tenés que meterte tanto” me aconsejan


    de los alumnos:

    • ser más chorro, ser más anti policía, no cansarse de gritarles en la cara lo que son
    • entrar chorro y salir peor
    • entrar odiando a la policía y salir queriendo matarlos
    • callarse, volverse todo para adentro, bufar como casi única forma de comunicarse
    • ser amable, generoso casi, simpático 
    • ser pobre, mirar de lejos, ternura de animalito mojado 
    • tatuarse una vez y otra más y otra más como signo de pertenencia
    • ser suave y cuidadoso en el hablar y en el vestir
    • no querer ser preso, renegar de tatuajes y palabras tumberas, no querer pertenecer, bajo ningún punto de vista

    De los penitenciarios:
    • volverse qué
    • desconfiar
    • mentir

    miércoles, 23 de junio de 2010

    Antipatías

    En la escuela hay distintas clases de alumnos. Una es la de los simpáticos, pura amabilidad y agradecimiento al espacio-escolar-como-ámbito-de-libertad. Reconozcamos: cuando el halago es permanente y desmedido, la frase se fosiliza y se convierte en zalamería; pero no importa, los profes (embelesados) aceptamos la artimaña. Pertenecen a esta clase quienes pertenecen: forman parte de la escuela y, en tanto buenos alumnos, son adoptados por la mayoría de los docentes. 
    En el otro extremo están los cachivaches, esa manga de colgados que pasean de pabellón en pabellón, y van y vienen de la escuela, de la cárcel, de la vida dejando aulas, tareas, hijos, cuatrimestres sin cerrar y nunca se sabe a ciencia cierta en qué momento caen de nuevo a la escuela a pedir tarea, certificado, punto o asistencia. Ellos (mal que nos pese) no pertenecen. Casi nadie retiene sus nombres y, cuando algún profe lo hace, es como un fastidio o una lejanía.
    En el medio, más cerca o más lejos de unos y otros, hay unos cuantos inclasificables. 
    Federico vino siempre a la escuela y, aunque no se lo reconozca como uno de los "fundadores", está desde un comienzo. Cuando dejó de hacerlo (porque lo habían trasladado a otro pabellón), renegó con las boletas, con los guardias, con los docentes y con los celadores para poder seguir estudiando. No se cansó, insistentemente denunciaba: "No me llega la boleta". Pero nunca con una sonrisa. Federico no pertenece a la clase de "los simpáticos", en absoluto. En el aula casi no habla y, si lo hace, expresa enojo, tristeza, desolación. Con su silencio transmite incredulidad, con cada mueca demuestra su escepticismo. No mira con resignación sino más bien con la certeza que trae la injusticia. La semana pasada contó en medio de una sinceridad que todavía me asombra cómo fue que había caído la primera vez.  
     
    -Usted vive en Mataderos, ¿no? Yo caí por ahí.
    -¿Y qué andabas haciendo por mi barrio?
    -Un supermercado.
    -¡¿Un supermercado?!- me asombré... es que en la cárcel los relatos de los delitos son tan grandilocuentes que la revelación de un lugar conocido, cotidiano me resultaba de una sencillez inusitada. 
    -La cosa fue así. Sabíamos de una Juncadela, ¿y qué? Yo no le afano a los pobres ni a los jubilados. Y además no caí ahí sino después, cuando bardeamos y no pudimos cambiar el auto. La comisaría de Mataderos es la 42, ¿no? Dios mío, son los peores. Cómo me pegaron ahí. Desnudo, en el piso, y me seguían pegando... Encima, al rato vinieron las minas (de las policías estoy hablando) y también me verdugueaban, me pegaban. ¿Se imagina eso? ¿Sabe qué humillante fue ese momento para mí? En cambio ahora, cuando caí la otra vez y por algo más groso, no me pegaron ni nada, pero esa vez me dieron con todo.

    No era común que Federico pronunciara semejante monólogo. El antipático se despachaba, de golpe, con una pila de palabras y apoyaba su historia sobre la mesa. 
    -¿Cuántos años tenías?
    -17.
    -Eras menor.
    -Sí-, sostenía la afirmación con un lento movimiento de cabeza. Así lo había conocido yo: palabras sueltas, frases entrecortadas.  
    -Y además, si ya te tenían preso...
    -... no tenían por qué pegarme. ¿Eso iba a decir, no?
    -Exacto. 
    -Pero les gusta, profe-, hablaba tranquilo, pausado, no sonreía. Cada palabra, un golpe.  
    -¿Y cómo se hace, Federico, para después...?- y ahí quedé, porque no me animaba a completar la pregunta.  
    -No se hace, profe. Qué quiere que le diga... Se odia nomás.

    Esperar

    Leímos “Los estatutos del hombre”, de Thiago de Melo.
    -Eso lo tacho-, dijo Hamlet, haciendo referencia al artículo que hablaba sobre la confianza.
    Entonces hablaron del lugar, de cuánto podían confiar y cuánto no. Hamlet de los que no confían, Octavio (tanta candidez al hablar) de los que a veces sí, Cruz dijo:
    -A algunos acá los conozco de afuera, yo sé si puedo confiar o no.
    Y dijo algo, casi a modo de confesión:
    -En la calle yo salía a robar y no se lo daba ni a mi vieja ni a mi hermana ni a nadie. Se lo daba todo a la madre de un amigo, Susana. Tomá, le decía, y tun, se lo dejaba a ella.
    Mueve los brazos al hablar, como si quisiera clavar cada palabra que dice. Clavar dónde, en mi cabeza..., en el aire, en el tiempo...
    Tiene 23 años y una voz a veces áspera, con la cadencia del que está borracho o drogado. 23 años y no sabe cuándo sale... “en septiembre tengo juicio, el 20 y el 22, salgo en 3 meses o me quedo un rato largo” … el 20 o el 22: ¡qué primavera!, pensé. ¿Por qué no el 21?, pensé. ¿Celebran los jueces el día del estudiante? ¿No quieren empañarle al preso un día tan socialmente alegre? El 20 o el 22, falta tanto, tantas cosas pueden pasar, pero él se sabe perfectamente la fecha, pensé. Este tiempo, este presente de cárcel, es un tiempo muerto, un quedar a la espera de. “¿Quién me mandó a ir caminando por esa calle ese día?”, se preguntó de golpe Cruz, el de 23. El tiempo va y viene, del día en que cayó al día del juicio. Todo lo del medio: la cárcel, la escuela, las clases de Lengua, la profesora de Biología, los apuntes de Contabilidad, el jefe de Módulo, la comida... todo lo demás está en el medio y valen solamente en tanto “pasan”, acontecen o hacen pasar el tiempo.

    lunes, 7 de junio de 2010

    7 de junio

    “Volcó un camión del Servicio Penitenciario y colapsó la Perito Moreno” dice el titular.
    12 presos que eran trasladados.
    Mantenga distancia.
    10 minutos de noticias hablando del caos en el tránsito
    una imagen de un penitenciario con un cuello ortopédico
    ninguna imagen de un preso.
    Sí los mencionan. De ellos dicen:
    por causas que se desconocen, volcó.
    Atención: el Same informa dieciséis traslados, 14 de ellos al Piñero y 2 al Santojanni.
    Dieciséis heridos. Ninguno de gravedad. Pero todos todos golpeados... por este vuelco.
    Colapso de la autopista. Colapso literal. Congestión. Recomiendan desviar hacia otra autopista. Regreso muy muy complicado para aquellos que quieran salir hacia zona Oeste.
    6 ambulancias del Same y 2 de Prefectura.
    Obviamente importantísimo operativo de seguridad debido a los traslados, perdón detenidos, que llevaba el camión. Había que evitar que ante la confusión alguno se diera a la fuga.
    Para recomendar: evitar la Perito Moreno.
    Las causas del accidente todavía no se conocen.
    El estado de las personas. 16 personas. En principio no hay heridos de gravedad.
    Detenidos que fueron trasladados para tratar las heridas
    evitar fuga y cualquier inconveniente.
    Mucha policía y agentes del ser
    tal congestión, colapso.
    Las alternativas se reducen.
    El parabrisas no existe del vehículo.
    Tuvieron suerte de no salir más lastimados.

    domingo, 6 de junio de 2010

    viernes, 21 de mayo de 2010

    manifiesto

    contra los días de encierro


    Nosotros, los presos,
    debemos luchar para terminar con ellos,
    son días duros, difíciles,
    por momentos nos sentimos oprimidos
    por los barrotes,
    acorralados contra las paredes,
    sentimos la contradicción en nuestros sentimientos,
    la falta de sol, de la luna y las estrellas.


    Pero a pesar de todo seguimos,
    sin saber qué nos impulsa,
    y al mismo tiempo lo hacemos por algo,
    qué contradicción.
    Pero en momentos de lucidez sí sabemos por qué:
    por nuestras esposas,
    por nuestros hijos,
    por nuestras madres,
    pero fundamentalmente por nuestra libertad.
    Por eso le digo a todos los presos:


    Adelante, esto es pasajero,
    lo mejor está por venir.

    voz: Hamlet

    miércoles, 12 de mayo de 2010

    tiempo

    Tranquilo, pibe... ¿qué apuro tenés, si estás preso?”, te había dicho.

    Qué otra cosa podías escuchar.
    No entiende, tipos como ese no entienden de apuros
    creen que el tiempo es una cosa para perder o una cosa para matar
    porque no entienden nada de pérdidas ni de muertes.
    Qué querés...
    qué pueden entender,
    no saben que el apuro viene de las ganas
    de la pasión
    de no acostumbrarse
    de luchar para que sea distinto
    de que no te cansás
    ni siquiera con tanto maltrato
    con tanta desconfianza
    nada de eso te hace retroceder o confiar
    en que la cárcel pueda ser un lugar más amable.

    Y en el fondo:
    qué suerte
    porque a veces yo sí siento que me canso
    y empiezo a desacelerar
    y sospecho de mi forma mis ideas mi tenacidad
    y hasta por ahí intuyo que tal vez gente como esa tenga razón
    y que quizás sea cierto o certero eso de que no hay apuro
    porque total no hay nada que realmente cambie o duela o se mueva o respire o valga la pena.

    Así que
    qué suerte que tenés apuro
    aunque preso
    gritando
    no aceptando simpatías anhelos complicidades
    porque entonces se enciende
    otra vez
    la sensación
    de que no hay tiempo para matar.

    Claro que estamos
    apurados
    porque el tiempo de
    la inacción es
    el de la derrota
    el de la comodidad
    el del aburrimiento
    el de la costumbre.


    Y ni vos ni yo tenemos tiempo que perder.

    viernes, 7 de mayo de 2010

    definiciones

    Penal: enjambre de heridas

    pena: f el traslado – el juicio – extrañar – imaginar – las certezas -

    apenas: f. pl. No yo. (de a: sin, prefijo privativo)
    de ab o ad: a o hacia: el lugar
    Las sin penas son las que se pasean disimulando el asco que les da estar a menos de un metro de un pobre que encima está en conflicto con la ley. Esas son algunas con las que comparto el café en la sala de profesores. 

    jueves, 6 de mayo de 2010

    preparativos

    Para ir a trabajar

    me despierto
    me levanto
    me baño
    aunque de algún modo la misma
    elijo delicadamente la ropa
    la pruebo
    me miro al espejo
    pienso:
    si fuera más joven
    si fuera más linda
    me pongo el guardapolvo
    llevo a un hijo a la escuela
    respiro la mañana
    aprovecho y sin que se dé cuenta
    le toco la mano el pelo la cara
    sigo y no me hundo
    a veces
    cuando voy en bici
    es como si el tiempo pedaleara más fuerte
    pasa el otoño el frío la primavera el verano en los árboles en la calle en la gente en mí

    miércoles, 28 de abril de 2010

    Etimología (aclarando conceptos)

    - ¿Y de dónde viene eso de “tumba” por carne?- pregunto.

    - Y...

    - Será porque es carne muerta, seguramente...- ensayo una idea.

    - Mire: en la cárcel hay palabras que no se pueden decir, profe. Usted acá no puede ir y decir: “Che, me pasás la carne...” porque le van a decir; “¿Cuál? ¿ésta?” . Por eso tumba, profe... en la cocina, todos dicen así.
    Lo mismo pasa con huevos, nadie dice “Dame 2 huevos” ; acá se llama producto: uso dos productos para tal cosa, o tres o cuatro... Más bien que afuera no voy a ir a decir “Me da dos productos” , porque el almacenero me va a decir “Me estás cargando, pibe, ¿¡qué productos querés!?” . Pero acá sí.
    Y acá la leche, es vaca rallada .

    voz: Diplodocus

    lunes, 19 de abril de 2010

    lo que debe hacerse

    • calificar
    • registrar ausencias o retiros
    • tomar asistencia
    • tomar precauciones
    • tomar distancia
    • aceptar que la institución tiene sus rutinas, sus tiempos, sus espacios
    • no escuchar (no entender)
    • no preguntar (no saber)
    • no contestar (no dialogar)
    • quedar en silencio
    • dormir plácidamente cada noche
    • sin pensar
    • en fin: endurecerse
    • ¡ay!
    • perder la ternura

    viernes, 16 de abril de 2010

    El cielo o el infierno.


    - Acá estamos en el cielo.
    Acá en la escuela, me refiero.
    Después, puro infierno.



    voz: el vecino

    martes, 6 de abril de 2010

    poyito


    (registro de un intenso día de trabajo en educación en contextos de encierro)
    jueves 25 o viernes 26 de marzo - 1º año

    Habíamos leído “Corso”, de Walsh y “El hijo de la maestra”, de Incardona. Habíamos hablado de las anécdotas de la infancia, de cómo armar un relato y hablar de uno contando, también, de otros.
    No sé si será su acento españolísimo hasta el tuétano, pero José leyó un recuerdo digno del Lazarillo de Tormes: los dos aprendices de monaguillo, los dos pobres, los dos pícaros. Sergio acercó la historia de un padre que sobreactúa frente al enfado de la maestra pero se vuelve cómplice de la travesura infantil apenas la autoridad se da la vuelta. Mauro nos ubicó en una camioneta al anochecer volviendo del campo, la ruta y un niño que interroga a los hombres que lo rodean sobre los secretos de la sexualidad. El clima era afable, alguna sonrisa, el candor de la niñez como una verdad eterna, cierta emoción más cercana al recuerdo alegre que a la nostalgia.
    Entonces Adrián dijo que él había escrito y me pidió que lo leyera yo porque ya ni sabía si podría entender su propia letra. “De eso trabajo” creo que dije y leí:


    El destino de la vida me yevo a la calle teniendo 10 años y a pasar hambre y estar solo en un mundo echo para grandes, y conoci mucha jente de todas las edades; pase por hogares institutos y mucha caye q' aprendi cosas q para my edad no era bueno xq fuy quemando etapa es decir salteandome cosas lindas o feas según como lo vea. Y conoci un grupo de pibes mas grandes que yo y me empesaron a decir el Poyito y en ese grupo que era muy grande conosi al que hoy por hoy es mi hermano. Porque la mamá y el papa me adoptaron cuando yo tenia 15 o 16 años.
    Unos de los pibes del grupo tenia problemas con la gente mas grande de el barrio. Y los grandes sabia que yo paraba con esos pibes y un dia yo estaba andando en bici por el barrio y me frenan varios muchachos que tenian armas y de un golpe me rompieron la cabesa y me amenasaron con matarme y ellos querian que yo le dijera donde estaba el otro grupo de pibes y yo no les dije donde estan.
    En un momento cuando vi la oportunidad porque paso un grupo grande de gente porque salian del ipodromo sali corriendo y fuy abuscar a los pibes y les conte lo q' me paso y fueron a buscarlos cuando yegaron asta el lugar q' estos tipos se encontraban y los vieron empesaron a disparar eramos como 30 pibes y salieron todos corriendo y a uno de los pibes lo alcanso una bala y veo q' quedaba solo
    me buelvo entre los tiros y lo abrazo y lo saco del lugar de los disparos lo dejo en un lugar seguro y vuelvo con un taxi y lo yevo al hospital. Viene la poli y preguntó quien esta con el erido y dije yo entonces me yevaron preso y despues de unos dias vino la familia a la comisaria y me dijeron gracias por salvarle la vida a my hijo y preguntaron que podemos hacer por vos y yo dije sacarme de aca y aberiguaron en poco tiempo y isieron los tramites para adoptarme y me adoptaron y empece a tener una familia gracias a gustavo el erido. Como dice el dicho no hay mal q' x bien no venga.

    Qué siguió después de eso, me pregunto ahora. Seguro balbuceé alguna diferencia entre los textos anteriores y este, por extensión u hondura, entre esa inocencia que creíamos inmanente a toda infancia y la dureza de una vida en particular que sirve para desgarrar cualquier esperanza o lugar común. Mauro, cuyo texto había provocado la risa, ahora volvió a tomar la palabra y lo primero que dijo, casi como una disculpa, fue: “Yo no tendría que estar acá” y contó que su padre “tenía una debilidad, un vicio que eran las mujeres, hasta que se metió con la mina de un comisario. A mi papá lo mataron y todos en el barrio saben quién fue. Mi papá tenía trabajo, la camioneta era de él, estábamos bien y todo se vino abajo. Después a mi mamá la amenazaron y le dijeron: 'Tenés hijos, pensá en ellos'. ¿Y ella qué podía hacer? Tenía hijos, entonces no hizo nada. Después, cuando todavía era menor, yo hacía cualquier cosa y a mí, cuando caía, me decían: 'Ah, vos el hijo del que mataron... andate, pibe'. Me perdonaban la vida, como quien dice. Pero después... bueno, después, después ya no”.
    Adrián dijo que su texto podría tener una segunda parte, y que si así fuera no podría parar: “Si me pongo a escribir, profe, no sé, quizás lo termine matando otra vez”. Ahí, creo, hablamos de la causa, no la del discurso judicial sino de la palabra causa. Porque una cosa es ese acto preciso en tiempo, responsabilidad y espacio que los llevó a ellos a estar en la cárcel (robo, estafa, homicidio, drogas) y otra es la causa primera o anterior o más profunda. Ese acto tiene (tiene que tener) también sus propias causas, menos efectistas para los noticieros de tv, más silenciadas.
    No sé cómo ni por qué sentí la necesidad de preguntarle a Adrián cuándo era su cumpleaños. “El 30 de marzo”, contestó. La inminencia de la fecha y la proximidad con la del cumpleaños de mi hijo me dejó atónita. Me pregunté si mencionar la coincidencia no sería riesgoso, pero a esa altura ya estábamos tan pero tan emocionados que hubiera sido más profesional, sí, pero menos humana si no lo comentaba. “El martes es tu cumpleaños y el miércoles el de mi hijo. ¿Qué te regalo, Adrián?” Si ni siquiera podía ser algo que me sobrara de la fiesta infantil, porque él cumplía antes.

    -Calmantes- susurró casi.
    -¿Y te siguen diciendo así, Poyito?
    Nos reímos un poco.
    Tomé aire.
    -Sí, a veces- contestó.

    Después propuse que no fuera todo tan triste y alguien retomó el final del texto de Adrián “No hay mal que por bien no venga” y hasta contamos unos chistes. Malísimos pero efectivos.

    -Por eso es importante lo que hacen ustedes, los profesores, en la escuela. Que vienen a estar con nosotros, que somos personas que nos equivocamos, y vienen ustedes a enseñarnos...
    - Sí, pero no te lo creas tanto. No somos jueces, somos docentes. No somos buenos: es nuestro trabajo.
    No sé por qué dije eso.
    Porque no quería que nos quisiera tanto, supongo. O porque yo tampoco quería creérmelo.
    Después, cuando salimos con otra profe, un alumno que había recuperado recientemente su libertad, se acercó, nos saludó y nos presentó a su esposa. Hablamos apenas unos minutos en la vereda pero todos dijimos cosas hermosas y estábamos exultantes casi como si afuera uno realmente fuera libre de hacer lo que quiera. Dijo que había salido sobreseído... estaba afuera y eso alcanzaba para crear una caricia o creer en algo. Cuando nos retiramos, con Sandra coincidimos en que quizás nuestro ahora ex alumno estuviera más flaco o cansado...
    ¿Qué más pasó ese día? En el colectivo me encontré con Carmen, una ex alumna de hace ya más de 10 años, que en su momento había empezado el Profesorado y después tenido hijos y después vuelta a estudiar. Dos ex alumnos en un mismo día. La cabeza me estallaba. No podía ser cierto lo que había contado Mauro: ni la historia de un padre muerto por un policía, ni la impunidad, ni el desaliento de la madre. No podía ser cierto. Era mentira. Qué estúpida. Solo yo podía creerme semejante cuento. Tampoco lo de Adrián: no podía haber quedado solo de chico, nadie se queda solo en la calle en bicicleta en la vida a los 10 años ni anda de héroe salvando al pobrerío agonizante. Si hasta era cursi, cómo creerle. Nadie que es un asesino puede arriesgarse para salvar a otro ni recibir nombre, familia, mirada de recompensa. Nadie en su sano juicio pudo haberlo bautizado Poyito y menos con mayúscula. Nadie que escribe isieron escribe hijo o abrazo.
    Fernanda, una mamá de la Cooperadora que tuvo preso a un hombre de su familia, siempre me dice que a los presos no hay que creerles porque te embarullan con tantas mentiras. Siempre me lo dice, pero esa tarde me dijo que a veces dicen la verdad.
    Después vino la huelga de hambre que no salió en casi ningún diario y ya no tuvimos clases por unos cuantos días. Cuando terminó, Adrián recibió sus regalos: un libro firmado por todos los profes y la jirafa que compré en la calle Florida, uno de esos jueguetitos de madera con elástico que se desmayan cuando se acciona un resorte en la parte inferior y que, al soltarlo, vuelven a tomar la postura erguida. La frase que acompañaba el objeto es la siguiente: “aunque los vientos de la vida soplen fuertes, soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie”. Sí, ya sé: cuando el texto repite la imagen o el objeto que acompaña, no aporta nada casi. Es más poética la relación entre texto y objeto si las palabras completan o complementan o hasta contradicen. Quizás la frase elegida era demasiado obvia. Y repetitiva, redundante, reincidente, obstinada, perdurable y persistente sin duda.